
Este es el último libro que he leído. Ha hecho muchos quilómetros conmigo este verano y nada. Y a la vuelta, zas! Me lo he pulido en cuatro días.
Me ha gustado bastante. La historia relata como el joven protagonista Watanabe, marcado por el suicidio de su mejor amigo, inicia una relación con la novia de éste, Nakao. Los sentimientos que surgen entre ellos están siempre bajo la sombra del vínculo que los unió y cuya muerte pesa sobre sus vidas. Entre ellos, las relaciones se alejan y se acercan, tanto en el espacio como en el tiempo. Pero mientras tanto la vida sigue para ambos. Watanabe conoce a otra chica, Midori, con quien establece una saludable y sincera relación de amistad, que no excluye el amor que cree que siente por Nakao. La vida parece transcurrir por pura inercia y varios personajes accidentales van haciendo que Watanabe vaya dilucidando las dos caras que para él tiene una misma moneda, el amor y la muerte. Nakao no logra superar sus anclajes a la vida y acaba también suicidándose, lanzando así al chico a su tabla de salvación que será Midori.
“Amar a otro es siempre morir un poco uno mismo”