
Cuando conoces a una persona hay una serie de barreras a superar. Todos tenemos una burbuja que nos protege. Todos tenemos un umbral de intimidad que queremos reservar pero los límites i las distancias son cosa de cada uno y a menudo dependen también de para quien.
Conforme vas conociendo al otro vas dejando que esa burbuja se destense y vas dejándole acercar paulatinamente, tanto en lo físico como en lo personal, graduando según tus límites y según el grado de confortabilidad que te ofrece ese otro.
Salvando algunos casos extremos, tanto en el polo de la celosa intimidad como de la extroversión total, podemos encontrar diferentes matices y hemos de aprender en quien confiar.
En el mundo real, en la vida diaria, te encuentras a gente “sobona”, que te tiene que estar tocando cuando te habla, que se te pegan cuando te cuentan una cosa, que invaden “tu” espacio, que necesitan ese contacto porque ellos realmente tienen la burbuja tan pegada al cuerpo que no se dan ni cuenta que eso puede molestar al interlocutor. Pero no porque el interlocutor sea frio y distante, ya que seguro que él mismo desearía que otros se acercaran más de lo que hacen. Uff, que complicados somos!!! (No sé si me explico, no quisiera que esto fuera un párrafo de verborrea de esos que dicen mucho sin decir nada y que tanta rabia me dan). Supongo que mucho hay de la “química” que hace que inconscientemente se despierten ciertas atracciones o rechazos en función de las combinaciones que vamos haciendo con los semejantes en nuestro día a día. Y aquí, en nuestro día a día, la barrera importante a superar es evidentemente la piel. Una vez conquistada esa barrera se abre otro mundo inmenso en el que explorar y descubrir hasta donde se puede llegar.
En el mundo virtual, o más concretamente en este campo de los blogs, la primera barrera es el hacer un comentario a cualquier entrada que leas, de las miles y miles de páginas interesantes que encuentras, y el recibir una respuesta al mismo. La segunda es intentar superar ese nivel de comunicación y acceder a una vía más personal, bilateral y exclusiva como puede ser el correo electrónico. Esto también abre un mundo inmenso en el que explorar y descubrir, cargado de muchas más sorpresas, curiosidades y juego. Aquí no sabes quién hay detrás de las palabras, no le pones cara, no le pones voz, no le pones cuerpo, no le pones edad, no le pones estado civil, no le pones profesión, a veces casi dudas de que sexo ponerle… Y con todo y eso se crea una magia y una conexión increíble. Y como, queramos o no, hay muchas cosas que nos condicionan, el ir resolviendo cada una de estas incógnitas supone el ir superando barreras y a veces también romper magias, pero forma parte del juego.
Ambos mundos, el real y el virtual (los llamo así para dejar clara la diferencia, pero reales son los dos) son dimensiones diferentes, a veces difíciles de acercar. O en todo caso, tan difíciles de acercar como nosotros queramos. Y jugando un poco con las palabras voy a decir que en el camino de cada uno, buscando lo que no se encuentra se puede encontrar lo que no se busca. No nos podemos creer que es oro todo lo que reluce, ni pensar que cualquiera que nos habla se convierte en nuestro amigo, pero podemos llegar a encontrar algún que otro tesoro con el que el destino aún no nos había hecho topar. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, dios!!!”
El ejercicio de hacer que el mundo virtual se convierta en real tanto puede ser el final de una grata historia como el principio de una gran historia. Como decía Miquel Martí i Pol: "...tot està per fer, i tot és possible".