dissabte, 1 de maig del 2010

¿Y LAS IMÁGENES?

Pretendía seguir el consejo de un amigo y tener la gracia de saber captar la atención con poco. Pero hay "pocos" que son mucho y cosas que encierran tanto que tiene que sobresalir por algún sitio y así ha sido con mi post anterior.
La chispa la ha puesto Dissortat con su certera pregunta. Touché!

Pues si, estamos hartos de decir que una imagen vale más que mil palabras. Y efectivamente suele ser así. Pero las imágenes tampoco son los hechos. Los hechos, o mejor dicho las vivencias, son algo que podemos experimentar y que además podemos experimentar sólo nosotros. El mismo hecho es vivido de diferente manera por todos y cada uno de los que han participado en él y eso además es personal e intransferible y difícilmente comunicable. Este era el mensaje del post anterior. La esencia de esa vivencia es tan tuya que por mucho que expliques es muy difícil transmitir el sentimiento puro porque ¿hay palabras para expresar eso? Y contestando a Dissortat, ¿hay imágenes?

Esta imagen de más abajo transmite alegría, felicidad y nos dice bastante del momento pero ¿se puede expresar lo que realmente sienten esas niñas?¿alguien puede decir lo que sienten por dentro?

Esta otra sin embargo nos habla de honda tristeza, pero igualmente el cómo viven los protagonistas ese momento es algo que sólo ellos saben y seguro no podrían expresar el desgarro que tienen por dentro.

Y ahora, aprovechando la coyuntura, voy a llevar el mensaje mucho más allá. Y todo esto gracias a Xavier Guix y su conferencia del pasado jueves sobre “7 formas de ocuparte de ti”.

En nuestra relación con los demás, los otros no son una experiencia, son un encuentro. El otro es el otro y nunca será "yo". Podemos empatizar, captar, entender… pero nunca podremos vivir lo que vive el otro y entrar dentro suyo y sentir como siente él. Esto merece un respeto sagrado. Porque esto hace que el otro, por más cercano que lo tengamos, será siempre un misterio.
Hasta aquí hablaba de personas. Quizás sea más claro hablar de lugares. Una imágen de un lugar espectacular nos puede hablar de la belleza, de la mágia, de la espectacularidad de ese sitio, pero nunca una imagen hablará del sentimiento que nos ha causado al estar allí. Recuerdo mi ascenso al lago Marboré en el Valle de Pineta. Iba ascendiendo delante del grupo a muy buen ritmo. Iba sola y el silencio era casi absoluto. A esas alturas (2.500m) en la montaña ya no hay ni plantas en el suelo ni insectos que las revoloteen. Sólo rocas por las que ir encontrando sendero. Era un tramo bastante pendiente por lo que no se veia más que la subida, pero el último "peldaño" daba paso a una vista IMPRESIONANTE del Glaciar del Monte Perdido. Esa grandeza de la naturaleza me produjo un impacto imborrable. Ninguna foto de aquel lugar capta ésto que explico y sólo yo lo puedo recordar cuando veo las fotos, e incluso sin verlas. Forma parte de esos momentos que nunca se olvidan para mí.
Ni siquiera yo misma estoy segura de haber encontrado las palabras adecuadas para transmitir el mensaje que quería transmitir. Os dejo con mi darle vueltas, no se si un poco contagiados o no. Espero que por lo menos no mareados. Y ya me diréis qué habéis entendido.

divendres, 30 d’abril del 2010

PALABRAS



Las palabras no son lo acontecido pero las necesitamos para poderlo explicar.

Las palabras se nos hacen incluso pequeñas para poder expresar lo vivido, pero no tenemos otra cosa que las palabras para poderlo explicar.

dimecres, 28 d’abril del 2010

Serie Flores (III). PENSAMIENTOS.







La belleza de los pensamientos no necesita de mucha pompa.
Estas flores por si solas te lo dicen todo, te rien, te cantan, te alegran la vista y te dejan embalsamado con sus combinaciones de colores, con sus brillos aterciopelados, con esas manchas llamativas.
¿Y su nombre? ¿Quién les pondría ese nombre? Pudiera ser que algún observador que no podría dominar "sus" pensamientos ante el espectáculo que ofrecen y que ante la estupefacción su mente se quedara en blanco, sin "pensamientos"...







diumenge, 25 d’abril del 2010

DANS LE NOIR

Ayer por la noche salí a cenar. Pero no fue una cena como de costumbre. Fue en “Dans le Noir”. Tenía ganas de probar la experiencia desde que escuche que se había inaugurado el restaurante en Barcelona. No fue fácil encontrar a alguien que quisiera acompañarme en la aventura. Mucha gente, ante esta propuesta, se niega absolutamente. No entiendo a qué tienen miedo y además me resulta curiosa esa negativa, pero en fin, igual soy yo la inconsciente que se apunta a un bombardeo.

Y como no, fuí con Núria, mi incondicional colega de aventuras de todo tipo (otra encantadora inconsciente como yo) y otras dos osadas que se apuntaron a última hora.
Se trata de un experimento de los sentidos.
Nada más llegar debes dejar en una taquilla tus pertenencias además del reloj de pulsera. Con ello tratan de evitar cualquier fuente de luz dentro de la sala donde tiene lugar la comida.
A continuación le es asignada a cada mesa un camarero (todos son ciegos) que será tus ojos mientras estés allí. A partir del momento en que cruzas la cortina y entras en lo desconocido con la mano en el hombro de quien va delante, ante ti solo hay oscuridad, pero oscuridad absoluta, negra nit, como decimos los catalanes. No hay ninguna rendija de luz, ningún reflejo, TODO ES ABSOLUTAMENTE NEGRO y hay que superar el amago de angustia que provoca la sensación, completamente inédita, de la oscuridad completa, sin resquicios ni esperanza. Te sientes en las manos de tu guía y pierdes la noción del espacio totalmente. Te dejas conducir, qué remedio! Él te guía hasta tu sitio y te señala donde tienes la silla, te explica como está dispuesta la mesa y lo que debes hacer a continuación. Se aprende tu nombre y te llama por él cuando quiere indicarte algo.
El menú es sorpresa. Cuando te sirven el primer plato te explica la distribución que encontrarás en él pero sin indicarte los productos que lo componen. Debes estimular los otros sentidos para que a través de los aromas, las texturas y el gusto sepas qué es lo que estas comiendo. Hay sabores muy claros, pero otros que no sabes a que corresponden. Entonces eres plenamente consciente de que realmente en muchas ocasiones comes con la vista. Y también de que comes con cubiertos y allí es imposible. De forma espontánea todos vamos directamente a palpar la comida que nos han servido y que mejor cubierto que los cinco dedos de la mano. Entre los comensales empieza el concurso de adivinar que te has metido en la boca. La comida, obviamente ya está elegida para que pueda ser fácilmente comida de esta manera, no hay líquidos, ni salsas, ni demasiados pringues. Las cremas vienen servidas en unos vasitos, dentro del plato, con una cucharilla para tomarlas. La carne viene cortada en trozos que puedes también comer si utilizar cuchillo ni marranear demasiado, pero evidentemente, lo primero que tienes que hacer cuando has acabado es pasar por el lavabo a lavar las manos.

Hay diferentes reacciones ante todo esto. El primer momento de oscuridad te acojona. Después te vas acostumbrando. Hay quien no puede mantener los ojos abiertos con tanta negrura. Hay quien tiene la sensación de ver reflejos en determinados rincones. La verdad es que te sientes arropado por tu camarero que te explica y te ayuda en lo que necesitas. Se oye bastante ruido porque no se por qué regla de tres, cuando no te ves, levantas más la voz. Y eso en una sala con 40 personas, se nota. No mides las distancias ni con tus compañeros de mesa, tienes sensación de lejanía y no te ubicas en el local. No puedes levantarte para nada si no es acompañado por tu guía, podría ser peligroso. Notas las presencias. Es decir, sabes a quien tienes a tu lado porque los has visto antes de entrar pero cuando algún camarero se acerca o si el tuyo lo tienes cerca, lo notas aunque no lo veas ni lo oigas.

Un sinfín de pensamientos recorren tu mente, o por lo menos pasó en la mía, pensando en las personas que siempre lo “ven” todo así. Este es el otro objetivo, además del de ganar dinero, naturalmente, que tienen estos restaurantes, el de sensibilizar a la gente respecto a las personas ciegas. En todo un mundo, un mundo distinto, un mundo sin color, un mundo más rico en otras percepciones…
La aventura termina en el momento de los cafés que son servidos en la cafetería de la entrada y donde te muestran lo que has comido y te explican algunos porqués que puedan haber surgido.

El trato es totalmente personalizado, el personal muy amable y servicial, la comida, para mi gusto podría mejorarse, el precio elevado (aunque se disculpa porque parece ser que un 10% de los beneficios son donados a asociaciones de ciegos), la experiencia en definitiva muy grata.

No obstante, una experiencia muy diferente a como un día la imaginé. Aunque seguro que alguna cosa se podría hacer al respecto…

dimecres, 21 d’abril del 2010

Serie Flores (II). MOMENTO TULIPAN

Pero el momento tulipán no es ese momento en que en nuestra infancia estábamos acostumbrados a relacionar con un helicoptero que bajaba a la hora de la merienda con pan untado en mantequilla... No, no.


El momento tulipan es este esplendor de la flor de dicho nombre

dimarts, 20 d’abril del 2010

20 de abril

Rio Segre al paso por Baronía de Rialb.
Foto: Laura T. Marcel

Hoy toca escuchar a Celtas Cortos: es el día.
El 20 de abril me trae recuerdos de hace unos años, en que todo tenía que cambiar de color en ese día, y no fué así. Ocurrió más tarde y ojalá no hubiera ocurrido.

dimecres, 14 d’abril del 2010

El desierto de los tártaros

En uno de mis paseos por un bosque amigo, un caballero me recomendó la lectura de un libro al que desde luego no habría llegado por iniciativa propia. Se trataba de “El desierto de los tártaros” de Dino Buzzati. Me llamó la atención una imagen de la imaginaria fortaleza de Bastiano la cual me recordó el Karavansarai que visité durante mi viaje a Irán (aunque esto es otra historia) y ese pequeño recuerdo mágico fue lo que me decantó sin excusas hacia su lectura. Otra vez se cumple aquello de que una imagen vale más que mil palabras, aunque en esta ocasión el sentido no fue el habitual.
Pero bueno, el tema es que la novela me enganchó desde el principio todo y que la lectura, digamos que, no es precisamente alegre y animosa.
La historia transcurre en un lugar y épocas inconcretos, en un desierto en medio del cual se encuentra la Fortaleza Bastiani, lugar al que han destino al teniente Drogo. Nada más llegar Drogo se da cuenta de que aquel no es el destino que habría soñado e intenta acortar allí su estancia pero poco a poco se ve atrapado allí, con pocas o ninguna posibilidad de salida y entierra su juventud y sus aspiraciones entre los muros de la fortaleza, autoconvenciendose como la mayoría de los que están ahí de que algún día esa estancia tendrá algún sentido porque viven con la esperanza de que serán atacados por los tártaros.
Debajo de esta lectura, para mi, hay una historia sobre el drama que viven algunos humanos que renuncian a la felicidad por la comodidad, esperando algo incierto, perdiendo la ambición por conseguir algo. Esa espera se convierte en momentos en una cruz y en momentos en la única esperanza para no desesperar y cuando finalmente ya es tarde llega el arrepentimiento, los descargos de conciencia, el buscar incluso culpables de algo que has elegido tu.
Drogo al final, cuando ha perdido las esperanzas, las fuerzas, la ilusión, ocurre que también pierde la confianza en quienes le han rodeado en ese mundo frio y solitario y se da cuenta que le queda una última batalla.

“Oh, es una batalla mucho más dura que la que esperaba antaño […] nada más difícil que morir en tierra extraña y desconocida, en el ambiguo lecho de una posada, viejo y afeado, sin dejar a nadie en el mundo.
Valor, Drogo, ésta es la última carta, marcha al encuentro de la muerte como un soldado, y que tu existencia equivocada acabe bien, al menos. Véngate finalmente de la suerte, nadie cantará tus alabanzas, nadie te llamará héroe o algo similar, pero precisamente por eso vale la pena. Cruza con pie firme el límite de la sombra, erguido como en un desfile, y sonríe incluso, si lo logras.”