
Es verdad que la naturaleza con poco te cautiva, te enamora, te embelesa, te da alas... pero a veces el mayor espectáculo del mundo ni se percibe porque se eclipsa con la compañía.
Hay trabajos que parecen muy apetecibles, sobretodo si no te has parado nunca a pensar lo aburridos y/o lo duros que pueden ser. Muchas veces acaramelados por algunas series de televisión que todo lo hacen muy idílico nos parece que pueden estar bien, pero en el fondo, si lo pensamos bien tienen que ser un peñazo. Uno de estos trabajos tiene que ser el de socorrista de playa. ¿Os podéis imaginar lo que tiene que ser pasar unas horitas en lo alto de la escalera?¿Y si encima son unas horitas cada día? Igual están deseando que se ahogue alguien para dar sentido a su paciencia….

Subtitulada Norwegian Wood, canción que se cite en numerosas ocasiones, junto a otras muchas que a lo largo de la novela amueblan los escenarios, supongo que por la pasión por la música que tiene Haruki Murakami, el autor, quien regentó un jazz-bar en Tokio, durante ocho años, antes de dedicarse a escribir.